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ENTREVISTAS

Pablo Ochoa: «Pinto como si no hubiera nadie para verlo»

El artista navarro cuenta su trayectoria, estilo e integración en el sector del mercado artístico español

¿Qué fue lo que impulsó tu motivación por el arte?

La motivación desbordante de la lectura en la infancia. Durante las clases en el colegio no paraba de pintar. Con una madre historiadora del arte y con un padre poeta, escritor, con muchos premios de poesía ganados y libros publicados, siempre ha habido un ambiente muy culto en mi casa. Se podría decir que éramos más de humor inglés que de los morancos.

Un día en la adolescencia fui con unos amigos al cine a ver una película sobre breakdance donde el protagonista pintaba graffitis. Entonces al salir cogimos unos sprays y nos pusimos a pintar por la calle, esto era en el año 84 o 85, no estoy seguro, pero bueno, simultáneo a muchos de los primeros de Europa. Aquello era lamentable como graffiti y obra de arte, ponzoñosa, pero a partir de ahí comencé con los grafitis. En Pamplona no pinté tantos pero unos cuantos sí que cayeron. Incluso repintar después de que lo tapen la Asociación de Vecinos pertinente y tener que volver esa noche a repintarlo.

En el 90 gane el concurso de graffiti de los 40 Principales y después me fui a Nueva York a pintar, después volví a España a acabar la carrera en Barcelona y después me fui allí a vivir, pensando en emprender un camino en el arte, pero no tenía calidad según mi yo de entonces para emprender una carrera profesional en el arte, que a la vista de la gente que había entonces y lo que se ha hecho desde entonces y lo que he visto, aquello fue un error, pero fue mi error, está hecho y ya está. Desde entonces he querido formarme en todo lo que podía y que me permitiría a la vez vivir de otras cosas.

Me enamoré de una alemana y me fui a vivir a Alemania, allí me formé en restauración de arte antiguo. A la vuelta hice un curso de diseño gráfico por ordenador para acabar trabajando en una agencia de viajes. Es decir, siempre navegando entre dos mundos, entre la realidad más pura y dura de la vida cotidiana y el “quiero otra cosa”. Siempre pintando, siempre dibujando, no lo he dejado nunca. Y luego la vida me conduce por otros caminos programando robots de pintura, que no es artístico, pero tiene pintura.

Al final, hace 4 años cuando me tocó replantearme de nuevo mi vida, pensé “estás haciendo cosas que no quieres hacer y no haces lo que deseas hacer, así que hazlo”. Entonces decidí que tenía que tomar el camino de la profesionalidad en el arte y que tengo un tiempo para conseguir vivir de esto.

¿Existen similitudes entre tu trabajo profesional y tu arte?

Yo me dedico al arte por un lado y la robótica de pintura por otro. Actualmente estoy centrado en el proyecto de un robot que he programado para que reproduzca una imagen a través de una fotografía. Este robot tiene un ojo y ve, es capaz de reproducir lo que ve. Tengo este proyecto desde hace más de 1 año en donde se une la tecnología con el arte. Dirás “¿qué arte hay en la tecnología?”, a priori ninguno. Pero voy a intentar que haya arte en la ejecución de ese robot. Que el robot se comporte como un artista, que pueda seleccionar el material con el que reproducir, el trazo, el soporte… todo en función de un algoritmo. 

Un artista no pinta igual el día que hace sol o el día que hace lluvia. Al igual que el artista enamorado no pinta igual que el artista dolido. Hay una serie de parámetros que afectan en el artista y que yo puedo convertir en un algoritmo y cargarlo en mi robot, de manera que mi robot no pueda imaginar y crear de 0, pero sí que pueda reproducir lo que ve a su estilo y su manera, siempre de una manera diferente. 

Es bastante cercano a lo que sucedería con un artista que sea capaz de reproducir lo que ve, no un artista abstracto que se dedica a echar cubos en el lienzo del suelo, eso mi robot ya lo sabe hacer. Esto es uno de los nexos, pero es un nexo posterior. Hay un nexo anterior. Que es cuando entro a una empresa de robots de pintura en el año 2000, solo porque leí la palabra “pintura” y me gustó la idea. Por eso tuve mucho ahínco en conseguir ese puesto, quizás ahora solo por eso se programar robots de pintura, todo porque leí en el anuncio “maquinaria de pintura”.

Otro nexo es mis últimas creaciones “hardcore” creadas en acero. Es el peor material con el que puede trabajar un artista, un auténtico coñazo. Lo normal es hacerlo en materiales como la madera que después fundes en bronce, pero el acero como material para escultura es un demonio. Después de 21 años trabajando en robótico, el acero es un material que entiendo, que sé malear. Parto de las formas que yo conozco, en este caso, industriales.

Hay un último nexo, muchas veces tengo que encargar mis piezas a un taller de mecanizado de torno y fresa, a quienes hay que entregar un archivo 3D para crearlo, pero yo no dibujo en 3D entonces les hacía los dibujos a lápiz. El primer día que les dije que lo iba a dibujar pusieron cara de “ya está aquí el tonto del pueblo”, pero les hice un dibujo que ellos entendían, en 3 dimensiones. He llegado a dibujar cosas complejísimas, con muchos componentes, de grandes dimensiones, dibujadas a mano e incluso después coloreado y sombreado, las he convertido ahora en pequeños dibujos artísticos.

Y hablando de esta última serie de “hardcore”, ¿de donde viene? ¿por qué la forma del corazón?

Yo creo que es expresionismo. Yo tengo un cuadernillo con mis bocetos, estaba en una cafetería en Carlos III y me llamaron por teléfono. Mientras hablaba me fijé en que había dibujado piezas industriales que después he unido entre sí en tres dimensiones. Había creado tres piezas industriales en forma de corazón. Surgió en una llamada de teléfono el día 21 de julio. Fue absolutamente a mano suelta, yo ni me daba cuenta, estaba en modo avión y salió esto. Vi que era posible transformarlo en un corazón y probé. Así que compre las piezas para hacerlo y produje uno. Todavía lo tengo en casa, la Prueba de Artista Nº1. Todavía no tenía mucha forma de corazón.

Está hecho con piezas huecas, 3 piezas unidas ensambladas entre sí y cortadas con sierra industrial. Parto de un hexágono, cuyo interior está hueco y voy haciendo cortes, si corto demasiado la pieza no sirve, si no corto demasiado entonces no adquiere forma de corazón. La primera no salió perfecta ,pero si preciosa. Entonces decidí que iba a hacer 40, porque no podía ser un número muy alto ya que lleva mucho tiempo hacerlos, pero tampoco quería una cantidad muy baja. Supongamos que hago 7, uno con cada color del arcoíris, los 7 serían preciosos y encima acabo antes y no me produce tanto quebradero de cabeza. Ya solo el coste de producción, con tan solo el material, me ha supuesto 7.000€ además de muchos problemas técnicos y de todo tipo, pero al final ha quedado muy bien.

¿Tus imágenes son reales o imaginadas? ¿Cuánto porcentaje existe de cada una en tus obras?

Diría que es un 70% de imaginado y 30% de real. Primero me bajo una foto de Google para inspirarme y después hago el boceto. Me inspiro en algunos puntos, edificios, pero no la copio, no es una mímesis. Después, una vez finalizado el boceto, paso a hacer otro. Es decir, hago una derivación de una fotografía real.

Cuando pinto a una prostituta en una esquina no es real, no me he inspirado en nadie, no he sacado su cara de ningun sitio, solo sale de mi cabeza. A veces necesito un modelo sólo para partes concretas, como unas escaleras, barandillas, inclinaciones… Una escalera es muy fácil de dibujar hasta que te pones a ello y empiezas a plantearla, por eso busco la ayuda de una fotografía o de una persona real. Como decía Goethe, “yo puedo pintar mi perro exactamente como es y naturalmente tendré dos perros, pero no una obra de arte”.

Hay mucho de real, pero hay más de imaginado. De hecho, si yo te digo que esta imagen es la calle Houston dirás “¡ah pues sí!”, pero no sabrás ubicar a qué altura es, porque es un conglomerado de imágenes de la calle Houston unidas en una sola imagen.

En tus obras destacan diferentes temas como la desigualdad, la contaminación, la pobreza… ¿crees que si hubieras vivido en otras zonas, seguirías representando lo mismo?

No. Si eres católico es porque tus padres son católicos, si eres del Madrid es porque tus padres son del Madrid, y demás. Yo pinto porque lo he vivido, porque lo he visto y porque me han educado para verlo. Lo hago con libertad porque también me han educado para ser libre. A pesar de que nos gusta pensar que a todos nos han educado en libertad, pero es un enorme error pensar que es así para la mayoría. Pues la mayoría vamos como borregos en muchas ocasiones, somos manipulables, somos muy dúctiles. Yo pinto lo que veo, pinto influenciado por lo que veo. Si pinto desigualdad es porque la he visto muy de cerca, si viajas a Nepal y no vuelves pensando en la desigualdad algo falla. Si vas a Chiapas y no vuelves afectado por los niños que has visto en pobreza es porque no tienes alma. Si vas por Madrid sin ver a ninguno de los 40.000 homeless que hay en Madrid, pues algo falla.

Procuro, si pinto a estas personas, hacerlo con la delicadeza con la que Velázquez pintaba enanos, con tanta delicadeza y amor como él.

En otras publicaciones has comentado que tienes a Keith Haring como referente ¿por qué?

Cuando nadie sabía qué cojones eran los graffitis, salió una noticia en el periódico de “El mejor grafitero del mundo”. Pero él nunca fue un grafitero, pintaba paredes y hacía arte urbano, pero estaba terriblemente alejado de ser un grafitero. Por pintar en la calle no se es grafitero. Los grafiteros son quienes van poniendo frases por las paredes. Eso también es arte urbano, si, pero lo mismo que la pintura no es todo arte, no todo es grafiti. Si quieres puedes meter el graffiti dentro del arte urbano, pero Keith Haring en todo caso era un enorme artista. 

Es uno de esos tíos que influencian durante generaciones. A día de hoy por ejemplo sigue haciéndolo con sus doodle, como Mr. Doodle, que no me parece mal que haya gente que siga los pasos de Keith Haring, su estilo, pero bajo otro prisma. Aunque por mí mismo no lo haría, me sentiría mal haciendo cosas dentro del estilo de otro. Yo admito su influencia en mí, el uso del color tan atrevido, ya en el 84, y que encima sea estéticamente bonito. Prefiero parecerme a Haring en tener un estilo propio, que en repetir sus trazos.

Pero me influencia porque el tío aparece y desaparece en mi vida en 3 años, lo conocí en el 86 y murió en el 89, cuando me enteré, lloré. Me dio mucha pena, en aquellas todavía no había internet, me enteré por una pequeña reseña en una esquina del apartado de cultura del periódico con una foto del tamaño de DNI.

Otra influencia es Goya, pero Haring es una figura que me parece terriblemente importante.

Tienes un tono muy original y único, personal, ¿tienes ya imitadores? ¿te importaría tenerlos?

No los tengo, pero tampoco me importaría tenerlos. Es decir, no me afectaría como algo malo. Sería un problema para mi ego, como artista tengo que tenerlo todo bajo control total, pero no me molestaría. Sería un problema para no creérmelo demasiado.

Cuando la gente alaba mi obra, de alguna forma, no me lo acabo de creer. Llámalo síndrome del impostor o lo que quieras, pero, a veces, también me pasa al contrario. Algunas obras mías que considero que son geniales en Instagram no gustan, mientras que otras que no me gustan tanto si alcanzan más fama. Pero lo que haga el resto de la gente no debería importarme.

El otro día pensaba en cómo pintaría yo si fuera la única persona en el mundo, sabiendo que nadie más lo va a ver. ¿Pintaría lo mismo, cambiaría algo? Por eso pinto como si no hubiera nadie para verlo… Lo que pasa es que no es algo sencillo

En tu obra das mucha importancia a la comunicación entre la obra y el espectador pero, ¿cómo de importante crees que es la difusión y promoción de tu obra? ¿qué medios empleas para ello?

Instagram es un canal de difusión importante. De acuerdo, no debes fiarte mucho de eso. Pero debemos aceptar que a la hora de ser admitido en una galería eso es algo que se mira y que es importante. Creo que mi trabajo, como medio de difusión, debe hablar por mi y yo debo cuidar los flancos. Estos flancos son Instagram, mi pagina web, otras redes sociales… pero es mi trabajo el que debe hablar de mi o, dicho de otro modo, de sí mismo. El mercado puede ignorar mi trabajo durante un tiempo, pero si persisto, acabarán haciéndole caso, quizás cuando ya esté muerto, pero si es bueno, terminará siendo visto.

Mi estrategia, visitar muchas galerías y mover el dossier. Y otra estrategia, que empezaré a implementar en febrero, es el open estudio.

Dime, al menos, 3 palabras que definan tu obra

Diferente; profunda, porque tiene un sentido; y estética, ya que procuro que tenga equilibrio y composición.

Web del artista: www.pablowho.com

Instagram del artista: @pablo.ochoadeolza

(Imágenes cedidas por el artista)

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«Can’t help myself» obra viral

¿Todavía no has escuchado hablar sobre este robot? Durante los últimos meses esta pieza artística y tecnológica ha dado mucho que hablar a raíz de una publicación viral en Twitter “Ninguna obra de arte me ha afectado emocionalmente como esta pieza de brazo robot”.

La pieza, titulada Cant’ help myself («No puedo evitarlo») fue creada en el año 2016 a través de una solicitud del Guggenheim de Nueva York a los artistas Sun Yuan y Peng Yu. Querían exponer esta obra en la exhibición “Tales of Our Time”.

Dando como resultado este gran brazo robótico inserto en el centro de un recinto cerrado de 36 metros cuadrados, con paredes acristaladas y suelo blanco. El suelo casi se cubre por completo de un líquido teñido de color rojo que se asemeja a la sangre. Mientras que el robot, con un sensor de movimiento y proximidad, tiene la tarea de arrastrar con su pala todo el líquido derramado a su alrededor y acercarla a su área de proximidad.

Pero aquí viene la parte triste de la historia, en 2016, cuando la obra se puso en marcha, los vídeos de los espectadores que lo grababan muestran a un robot entusiasmado en su tarea, que casi parecía bailar mientras limpiaba la sala, sin distraerse ni un solo momento excepto para saludar e interactuar a los espectadores que lo observan. Pero, en 2019, durante la exhibición de esta pieza en la Bienal de Venecia, otros vídeos muestran como el robot ya no tenía el mismo humor, ahora casi desesperado se movía de una manera más lenta y su eficacia no era la misma. Además, ya no interactuaba con los espectadores, sus interacciones eran negaciones de cabeza y gestos de desesperación y cansancio. Como si el propio robot se hubiera dado cuenta de que nunca iba a ser capaz de terminar el cometido para el que había sido creado, limpiar la sala por completo de esa pintura roja.

El deseo inicial de esta obra era crear un robot que pudiera reemplazar la voluntad de un artista al hacer una obra y cómo podrían hacerlo con una máquina. Para llevar a cabo su tarea, los artistas junto a dos ingenieros robóticos, programaron 32 movimientos diversos en el brazo robótico. A través de los cuales el robot es capaz de decidir a su antojo cuál de ellos prefiere ejecutar para llevar a cabo su cometido con mayor rigor.

Pero el significado de la obra no sólo reside en la empatía que, como espectadores, sentimos hacia el robot. Esta pieza establece una crítica conceptual y sociopolítica sobre los problemas contemporáneos que rodean la migración y la soberanía. Al mismo tiempo, las huellas de los trazos de pintura roja que deja el brazo en el suelo hacen referencia a las manchas de sangre provocadas por la violencia de los territorios por vigilar y proteger las zonas fronterizas. Una crítica a todos aquellos planes políticos que pretender trazar más fronteras entre países y, también, al creciente uso de la tecnología en nuestra sociedad.

Son muchas las teorías que han convertido a esta obra en una de las más virales de este año. Las redes sociales han generado un sinfín de comentarios y teorías por las que los artistas Sun Yuan y Peng Yu no han querido pronunciarse al respecto puesto que la obra no está basada en el simbolismo y está abierta a la interpretación.